Subo al colectivo. Bajo el vidrio. Caigo en depresión porque al prender el pendrive dice “Low Power”. Por mi cabeza pasan una serie de pensamientos que entre buenos y malos forman un pequeño dolorcito de cabeza. Iba todo bien hasta qué; llego a ese pensamiento. El mundo se me cae (se MÉ cae, porque estoy hablando egoístamente de mi mundo no más) me avergüenzo, intento recogerlo de la manera más rápida posible como quien recoge conchitas de mar sobre la arena. “Por la avenida o por el cementerio señorita” –“Da lo mismo voy al paradero, gracias” Me bajo, pienso que la vida sin música es tan testaruda y sin sentido. Entonces canto; internamente y la canción primera que llega a mi cabeza es “Otra historia” de Insite (es que no encontré nada más triste, y en fondo no sé si odio o no; ser mamona del calibre de “mamonidad” que poseo). Llego al fin, nada fuera de lo común, sólo que al abrir la puerta percibo de inmediato ese olor a ausencia familiar. En efecto, no hay nadie en casa. Estoy a 40 minutos de empezar mis clases, que cada día me convenzo, son para perder dinero y dejar a una persona menos cesante en este país. Ah y claro, para aprender, lo cual no me hace sentir más culta, sólo un poco menos monolingüe.
Ahora que recuerdo, mientras venía por Ortúzar (Mi calle favorita para mirar las flores, y ataúdes que el mercado ofrece a los difuntos) Pensaba en que odio que un pensamiento tan pequeño literalmente “Me cague” (como dijo un amigo por ahí una vez) Odio la contradicción y cortocircuito que esto genera en mi cabeza, y odio más del ochenta por ciento de mi vida, y de no saber como manejarla. Y esta vez, (por que es obvio que mis palabras no sorprenden y suenan cada vez más repetitivas) no es ironía, al contrario. Es toda la verdad.
Y precisamente hoy, hablando de la muerte maduramente, con una serie de amigas, sólo meses menores que yo, he comprendido que mi vida no tiene gran valor, porque en casos como este, lo primero que pasa por mi cabeza… (Fuera de odiar esos tres minutos matutinos donde me esfuerzo inhumanamente por recordar que día es, que hora es, que debo hacer, que pasó ayer, porqué esta vez odio ir al colegio, y que estaré mal porque hay sol, hasta al fin preguntarme quien soy) Es que la muerte a toda costa vendrá a mí, porque yo la llamaré, cuando la noticia final, sea positiva.
P.D.: Odiaría que dijeran si, te entiendo. Porque esto nadie lo sabe (Solo tú). Y sé que nadie lo sospecha.
u.U!
